Lamento pasajero: el vallenato chillón en los buses


Creo que la noticia me causó más pesar que alegría... Ha regresado a Bogotá La Vallenata, una emisora que dedica el cien por ciento de su programación a este género musical, y que había desaparecido por algún tiempo del dial de la capital de Colombia. Su relanzamiento se dio a finales de Junio, de la mano con una estrategia interesante: preguntarle a varias personalidades sobre cuál fue "el vallenato de su vida". Una idea interesante, pero que no alcanza a disipar mis miedos al respecto; mucho menos, los malos recuerdos. En todo caso, esta emisora hará muy poco por acabar con los estereotipos.

Hice el intento de escuchar "Lo mejor que tiene Colombia", uno de los copies que la emisora usa en su producción sonora. Me fue imposible permanecer más de 15 minutos haciendo el ejercicio. Solo necesité de dos canciones para que en mi memoria reaparecieran los eternos embotellamientos de dos horas (no exagero) camino de la universidad a mi casa, con verdaderos trogloditas al volante y escuchando vallenato chillón (ya pasaré a ese tema) a todo volumen. Esos eran los peores momentos del día para mí; ni siquiera los audífonos de mi reproductor de MiniDisk eran suficientes para escapar de la contaminación auditiva ambulante. Eran días perfectos para el dolor de cabeza... ¡Y el bendito sol en la cara!

Cada quien habla del baile según como le haya ido. Infortunadamente, el supuesto vallenato que ahora está en furor me remite siempre a barrigones con la camisa abierta y palillos en sus bocas. Claro, no puedo dejar por fuera a las empleadas de servicio doméstico que arman fiesta mientras asean las casas vecinas cuando los patrones no se encuentran... Y menos a los negocios ubicados a cada costado de nuestras carreteras nacionales que se disputan a sus clientes llevando a límites desconocidos la potencia de sus equipos de sonido, impidiendo por completo cualquier intento de comunicarse (tal vez, esa sea la causa de tanta riña).

Sí, los dos párrafos anteriores son lugares comunes. Pero antes de que mis censores empiecen a remarcarlo, debo aclarar que los menciono ante la desesperanza que me causa escuchar a la vieja emisora en su "nueva" estrategia. "Lo mejor que tiene Colombia" no debería ser una estación de baladas con letras llenas (esas sí) de lugares comunes sobre la expresión del amor. Eso sin contar la pregunta que por temor respetuoso nunca le hice a Omar Geles, cuando lo entrevistamos por teléfono en compañía de un par de buenos colegas, acerca de los errores en su famosa composición "Los Caminos de la Vida" expuestos sabiamente por el Profesor Súper O (ver video aquí).

"Lo mejor de Colombia", sin dejar de lado los intereses de las disqueras y el circuito comercial construido a partir de estos artistas, debería dar un mayor espacio para las canciones que sí responden a las características de los cuatro ritmos tradicionales del género. "Lo mejor de Colombia" no debería cerrar las puertas a las canciones escritas para las mujeres más bellas y los personajes más particulares de la historia popular de nuestra costa caribe; canciones hermosas (para mí) porque hacen referencia única y exclusivamente a esas personas, y no son registros de trasnochos acompañados de alcohol dedicados a cualquiera.

Ya sé que soy un joven con los gustos y el temperamento de un viejo. También sé que no todos los vallenatos "chillones" son de mala calidad; por algo tienen ahora en la capital una emisora exclusivamente para ellos. Solamente deseo atesorar en mi memoria buenos recuerdos como, por ejemplo, escuchar mientras voy de camino al trabajo los densos y bellos versos de Andrés Landero, tan importantes para entender por qué hoy en día los pandilleros de Tijuana, México, escuchan una versión muy propia de la cumbia. Esos buenos recuerdos siempre me remiten a la serie que el maestro Carlos Melo Salazar realizó para la entonces llamada Radio Nacional de Colombia (no puedo recordar su nuevo nombre) acerca de su llegada y, no por coincidencias de la vida, la llegada del vallenato a Bogotá; una historia que tiene mucho que ver con ese tremendo locutor de radio...

Le doy la bienvenida a la nueva emisora. Una nueva opción en el dial siempre será agradecida por fomentar la diversidad. En todo caso, en defensa de las "inmensas minorías", si una emisora se presenta a sí misma como la referencia de un género musical debería asumir las consecuencias de su decisión. El vallenato chillón no es el único vallenato que existe, por no entrar en la polémica purista de si realmente esa música de acordeón puede ser clasificada como vallenato. Infortunadamente, tendré que vivir con ello en algunas de las oportunidades en que, próximamente, aborde un bus en Bogotá. Espero no sean muchas las malas futuras experiencias. Aún así, ejerzo mi derecho a disentir en este ridículo e inútil lamento pasajero.

PD 1: Para un lamento pasajero interesante, favor remitirse al clásico de parranda paisa "Lamentos del Pasajero" escrito por Los Raros, nombre dado al dueto conformado por las leyendas Joaquín Bedoya y José Muñoz, publicada en 1977 por Discos Victoria en Medellín (la puede escuchar aquí).

PD 2: Un agradecimiento al anónimo conductor de bus ejecutivo que hace 10 años me recibió en una noche de viernes con unas buenas piezas de jazz, retumbando por alguna radio...

PD 3: Gracias a los realizadores y lectores de @RockMediante por su paciencia, su preocupación y su aprecio durante estos últimos meses. Gran parte de mi recuperación se debe a todos ellos: los buenos amigos.

Alejandro Lopera (@cubara)
 

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